La terapia mediante ondas de choque es una de las terapias más efectivas para el tratamiento del dolor del sistema músculo-esquelético.
Aunque comenzaron a utilizarse en los años 80 con el objeto de desintegrar cálculos renales, una década después su uso se extiende a la reumatología, traumatología y recuperación deportiva, fundamentalmente para el tratamiento de la patología músculo – tendinosa y ósea.
Inicialmente era una terapia dolorosa y exigía previamente la realización de una ecografía o un control radiológico que determinara con exactitud el punto de impacto de las ondas. Sin embargo, la aparición en el año 2000 de las Ondas de choque radiales, eliminó estos inconvenientes. Aunque se recomienda el uso de la guía ecográfica para mayor precisión terapéutica.
Son ondas acústicas que transportan gran energía hasta los tejidos que se encuentren en condiciones de lesión sub-aguda, sub-crónica y crónicas. Producen una presión mecánica muy corta en nuestro organismo. Los cambios de presión producen los efectos fisiológicos que pueden degradar calcificaciones y generar analgesia por varios mecanismos, estimulando procesos de cicatrización, regeneración y reparación.
Su uso en la recuperación deportiva es cada vez más elevado, como terapia de elección en determinadas patologías o como complemento de otras técnicas de reparación y regeneración tisular, tales como la EPI® o la aplicación de suero autólogo con PRPs, siendo elevado el número de deportistas tratados con este método, como por ejemplo en lesiones del codo (codo de tenis o de golf), fascia plantar, hombro, rodilla (tendinopatías rotulianas), tobillo (tendinitis aquilea), calcificaciones, retardos en consolidación de fracturas, pseudoartrosis, tratamiento del dolor miofascial y los puntos gatillo miofasciales, etc.
Actualmente han comenzado a usarse con éxito en pacientes con espasticidad, consiguiéndose resultados que perduran hasta dos meses, pudiéndose convertirse en alternativa al tratamiento con toxina botulínica.
PRINCIPIO FÍSICO:
Las ondas de choque se caracterizan por cambios repentinos de presión, alta intensidad y por ser no periódicas. La energía cinética del proyectil, creada mediante aire comprimido, se transfiere a través del impacto elástico sobre el transmisor al final del aplicador. Las ondas de choque generadas mediante este mecanismo se propagan radialmente o de forma focalizada (dependiendo del transmisor empleado).
La profundidad efectiva de penetración depende del transmisor usado y de la energía preestablecida (presión). Los valores de la profundidad de la penetración varían de 4 a 7 cm. Una parte considerable de la energía de la onda de choque penetra en el organismo con pulso positivo de presión. La propagación de la onda de presión se limita únicamente por una pequeña absorción por parte de los tejidos; absorciones mayores se producen en tejidos no homogéneos acústicos.